Llaman a la puerta. El sonido llega hasta mi consciencia dormida a través de las innumerables capas de sueño que la recubren. Vuelven a llamar. Ésta vez el sonido es más fuerte. Llaman una vez más. Pero aún no he despertado. No parece que mi cerebro quiera. Empiezo a olvidar el ruido... Pero vuelvo a oír el golpe. Ésta vez ha sonado tan cerca que abro los ojos del susto. Imposible. La puerta está en la planta baja. Llego a la evidente conclusión de que si no abro no podré volver a dormir. Bajo. Bostezo. Camino. Me froto los ojos. Abro la puerta.
Allí no hay nadie. Por no haber no hay ni viento. Nada. Nadie. La calle está vacía. Miro el reloj. Son las 4:15. Maldigo. Protesto. Cierro la puerta.
Camino. Subo. Bostezo. Maldigo. Protesto. Me acuesto...
Llaman a la puerta. Miro la hora. Las 4:20. Me doy la vuelta y sigo durmiendo. Llaman otra vez. Maldigo. Me levanto. Bajo. Abro la puerta.
Sigue sin haber nadie...
Subo. Protesto. Me acuesto... Vuelven a llamar. Ésta vez no he tenido tiempo de volver a dormirme.
El sonido es demasiado fuerte como para venir de la puerta de abajo. Sólo ahora me he dado cuenta. Espero. Vuelven a llamar. Es verdad. Suena como si llamaran del techo, no de la calle. Imposible. Habrá eco...
Bajo. Abro. No hay nadie. Incluso antes de cerrar la puerta oigo cómo vuelven a llamar. Imposible. El sonido viene de arriba.
Subo corriendo. Tampoco hay nadie. Vuelvo a oír el ruido. Miro hacia arriba
-¿Hola?
-¡Ah! Por fin me has oído.
-¿Qué? ¿Quién eres?
-Soy yo, la que vive arriba.
-¿De qué hablas?
-Vamos. Sabes quién soy. Sabes lo que quiero.
Pienso. No me suena su voz. No me suena lo que dice. Miro la hora. Las 4:35. Maldigo.
-No tengo tiempo para estupideces.
-Mírame.
No entiendo nada. Miro hacia arriba. Nada. Miro a la derecha. Nada. A la izquierda. Nada. Por la ventana. Nada. Al espejo. Nada. No lo entiendo.
-No estás mirando.
La voz viene del techo. Alzo la vista. Sigo sin ver nada.
-Mírame.
Sigo sin ver nada. Son las 4:40.
-Mírame.
Nada de nada.
-Mírame.
Concentro la vista en el lugar del que viene la voz.
-Mírame. Siempre estoy aquí. Siempre estuve aquí. Lo sabes. Ya me has visto.Ya me has oído. Mírame. Mírame. Mírame. ¡¡MÍRAME!!
Y una especie de onda expansiva impacta contra mi cara con la fuerza de su grito. Y la veo. Una sombra traslúcida cobra forma delante de mí, tal como me ha dicho. La tengo delante. Cuelga del techo. Imposible. Me pellizco. Pestañeo. Se hace más nítida. Mi boca toma forma de "O".
-Soy yo, soy la que vive arriba.
La miro. Tiene los ojos naranja. El pelo gris. La piel oscura. No es un fantasma. ¿Es sólida? La toco. Es incluso cálida. Como yo. Como cualquier persona. Imposible. Está caminando por el techo con la misma naturalidad con la que yo camino sobre el suelo. Para colmo, me mira como si fuera imbécil. Quizá lo sea. El pelo y la ropa parecen no hace caso a la gravedad. Imposible. ¿Posible? Quizá. De pronto los recuerdos empiezan a volver a mi mente. Es cierto que ya la vi antes. Que ya sé quién es. Que sé de dónde viene. Pero sobre todo, que sé qué es lo que quiere.
Sonríe.
-Veo que ya recuerdas.
Y entonces, da un salto, toma mi cara entre sus manos y me besa. Un beso suave de esos labios gruesos que tan bien conozco. Me aferro a ella con fuerza porque ya lo se. Sé lo que va a pasar. Así que me dejo caer en la pesada oscuridad que poco a poco estaba empezando a envolvernos.
domingo, 15 de septiembre de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
Mechanical
Blancas mariposas surcaban el cielo nocturno batiendo suavemente sus alas mecánicas. El pequeño zumbido producido por los engranajes al moverse era lo único que rompía el silencio de aquella cálida noche de verano. La brisa nocturna acariciaba mi piel con suavidad, y las pequeñas mariposas se posaban de vez en cuando cerca de mi cara, permitiéndome observar el complejo mecanismo de relojería que parecía cada una de sus cuatro alas. Era una noche muy tranquila, hasta que llegaron los lobos.
¡Que criaturas tan maravillosas las que se encuentran por la noche! La manada de lobos que vivía en los alrededores de la colina tenia la particularidad de estar compuesta por lobos albinos, todos ellos blancos como algodones, con unos ojos de un azul casi transparente o rosáceo. Unas criaturas fascinantes.
Como casi todas las noches, los observé desde mi rincón en la hierba fresca y, como cada noche, fueron acercándose a mí poco a poco. Parece ser que nunca terminarán de tener confianza conmigo, siempre hay que ir despacio, dejarles acercarse, hacer el primer movimiento.
Uno de los lobos pequeños correteó hacia mí y se tumbó apoyando la cabeza en mi estómago, lo que hizo que poco a poco, sin prisa, lo siguieran los demás. Yo seguía inmóvil, mirando al veraniego cielo nocturno surcado de estrellas, totalmente relajada. Una de las mariposas mecánicas se posó con gracia sobre el hocico del lobo, el cual ni se inmutó. El resto de lobos hacían un vano intento por olerlas, pero las maripositas se les escapaban sin darles tiempo, batiendo sus alas llenas de complejos mecanismos. Nada podía romper nuestra calma nocturna, parecía que el tiempo se había detenido a nuestro alrededor, que el momento sería eterno, que nada podría estropearlo... Pero entonces oímos el primer disparo. Los lobos salieron corriendo, las mariposas se refugiaron en las alturas, y yo tuve que correr a casa también. En un solo segundo nuestra preciosa calma se había roto, y no podíamos recoger los pedazos.
Habían llegado los cazadores.
¡Que criaturas tan maravillosas las que se encuentran por la noche! La manada de lobos que vivía en los alrededores de la colina tenia la particularidad de estar compuesta por lobos albinos, todos ellos blancos como algodones, con unos ojos de un azul casi transparente o rosáceo. Unas criaturas fascinantes.
Como casi todas las noches, los observé desde mi rincón en la hierba fresca y, como cada noche, fueron acercándose a mí poco a poco. Parece ser que nunca terminarán de tener confianza conmigo, siempre hay que ir despacio, dejarles acercarse, hacer el primer movimiento.
Uno de los lobos pequeños correteó hacia mí y se tumbó apoyando la cabeza en mi estómago, lo que hizo que poco a poco, sin prisa, lo siguieran los demás. Yo seguía inmóvil, mirando al veraniego cielo nocturno surcado de estrellas, totalmente relajada. Una de las mariposas mecánicas se posó con gracia sobre el hocico del lobo, el cual ni se inmutó. El resto de lobos hacían un vano intento por olerlas, pero las maripositas se les escapaban sin darles tiempo, batiendo sus alas llenas de complejos mecanismos. Nada podía romper nuestra calma nocturna, parecía que el tiempo se había detenido a nuestro alrededor, que el momento sería eterno, que nada podría estropearlo... Pero entonces oímos el primer disparo. Los lobos salieron corriendo, las mariposas se refugiaron en las alturas, y yo tuve que correr a casa también. En un solo segundo nuestra preciosa calma se había roto, y no podíamos recoger los pedazos.
Habían llegado los cazadores.
miércoles, 6 de marzo de 2013
Así no se hace rock
No se dónde esta, dónde se fue, dónde la perdí o cuándo, pero mi musa, mi inspiración, la fuerza que me hacía estar deseando hacer sonar mi guitarra se ha ido, me ha abandonado como si tal cosa, se ha desentendido de mi, me ha olvidado.
Tardé un tiempo en notarlo, quizá demasiado, pero cuando me di cuenta de lo que había ocurrido un enorme vacío en mi interior se generó, dispuesto a consumirme. Al principio era normal, a veces me pasa que paso un día entero sin tocar, pero la veo allí sobre mi cama y siento la energía fluir por mi interior, una energía que me lleva a cogerla y comenzar lentamente a rasgar sus cuerdas, sin producir un sonido en concreto, sólo dejando que mis dedos entren en sintonía con la parte mas profunda de mi ser para poder desconectar el cerebro un rato... Pero ahora no puedo, no se qué es lo que pasa, pero cuando la veo sobre mi cama ya no noto esa energía irrefrenable, no puedo crear melodías en mi cabeza que luego quiera intentar tocar; es como si se me hubiera olvidado cómo se hace.
En su lugar, ahora me entra tristeza al verla allí, casi abandonada, mirándome día y noche desde la esquina de mi habitación, como si supiera lo que me pasa pero aún así ansiando que la coja. Me pregunto qué nos habrá pasado, qué habremos hecho para perder esa conexión mágica que sólo un músico y su instrumento pueden sentir, porqué, incluso cuando lo intento, no consigo arrancarle ni una nota que no suene discordante a mi oído... ¿Qué habré hecho para que la inspiración, mi musa divina, me haya abandonado de esta forma tan cruel, sin siquiera avisar? Ni siquiera soy ya capaz de intentar tocar, el miedo a sostenerla en mis brazos sabiendo que nos hemos perdido el uno al otro me paraliza, y el vacío que hay en mi interior se acrecenta según pasan los días... Necesito recuperar nuestra conexión, necesito poder acudir a ella cada vez que quiera desconectar, necesito saber que sigue ahí, como mi más fiel amiga, pero más que nada, necesito poder mirarla sin sentir que la estoy traicionando y que no se qué hacer para remediarlo. Necesito poder mirarla una vez más, y que todo vuelva a la normalidad. Vuelve inspiración, no me gusta haberte perdido.
Tardé un tiempo en notarlo, quizá demasiado, pero cuando me di cuenta de lo que había ocurrido un enorme vacío en mi interior se generó, dispuesto a consumirme. Al principio era normal, a veces me pasa que paso un día entero sin tocar, pero la veo allí sobre mi cama y siento la energía fluir por mi interior, una energía que me lleva a cogerla y comenzar lentamente a rasgar sus cuerdas, sin producir un sonido en concreto, sólo dejando que mis dedos entren en sintonía con la parte mas profunda de mi ser para poder desconectar el cerebro un rato... Pero ahora no puedo, no se qué es lo que pasa, pero cuando la veo sobre mi cama ya no noto esa energía irrefrenable, no puedo crear melodías en mi cabeza que luego quiera intentar tocar; es como si se me hubiera olvidado cómo se hace.
En su lugar, ahora me entra tristeza al verla allí, casi abandonada, mirándome día y noche desde la esquina de mi habitación, como si supiera lo que me pasa pero aún así ansiando que la coja. Me pregunto qué nos habrá pasado, qué habremos hecho para perder esa conexión mágica que sólo un músico y su instrumento pueden sentir, porqué, incluso cuando lo intento, no consigo arrancarle ni una nota que no suene discordante a mi oído... ¿Qué habré hecho para que la inspiración, mi musa divina, me haya abandonado de esta forma tan cruel, sin siquiera avisar? Ni siquiera soy ya capaz de intentar tocar, el miedo a sostenerla en mis brazos sabiendo que nos hemos perdido el uno al otro me paraliza, y el vacío que hay en mi interior se acrecenta según pasan los días... Necesito recuperar nuestra conexión, necesito poder acudir a ella cada vez que quiera desconectar, necesito saber que sigue ahí, como mi más fiel amiga, pero más que nada, necesito poder mirarla sin sentir que la estoy traicionando y que no se qué hacer para remediarlo. Necesito poder mirarla una vez más, y que todo vuelva a la normalidad. Vuelve inspiración, no me gusta haberte perdido.
lunes, 4 de febrero de 2013
Sin más
Y así, sin más, la princesita recogió su pequeña corona de la esquina del suelo a la que había ido a parar tras su caída. Se levantó decidida, se alisó las arrugas de su vestido de seda verde, se sacudió el polvo del pelo y se colocó la corona sobre su cabezita rubia. Alzó la mirada al frente y clavó la vista de sus ojos grisáceos en los ojos amarillos que no dejaban de seguir sus movimientos. La princesita le sostuvo la mirada, lo suficiente como para sentirse orgullosa de sí misma y recoger los pedazitos de su recién herido orgullo, tras lo cual, haciendo un gesto nada propio de una princesa, se dio la vuelta y salió de la cueva con paso firme, demostrando una seguridad que realmente no estaba segura de poseer, y dejando allí, solo en la inmensa y oscura cueva, al dragón de alas transparentes y ojos amarillos, que siguió observándola sin saber porqué se marchaba, hasta que fue para él sólo un punto en la inmensidad de la distancia.
jueves, 10 de enero de 2013
Empiezo
Me gustaría escribir una historia, una de esas que acaba siendo un libro que todo el mundo quiere leer. Una historia apasionante, con una buena trama, unos personajes originales y un final arrollador. Una buena historia, en definitiva.
Llevo mucho tiempo queriendo hacer algo así, pero nunca me decido. Mis ideas siempre me acaban pareciendo insulsas, mis personajes demasiado planos, y nunca hay un final arrollador, pero no porque no se me ocurra, sino porque nunca escribo lo suficiente como para que la historia llegue a tener un final.
No tengo ni idea de cuántos borradores he escrito, cuántos bolígrafos, lápices, rotuladores y folios diferentes han pasado por mis manos o cuántos proyectos han surgido de mi alborotada imaginación. No se cuánto tiempo llevo queriendo escribir esa historia con la que sueño, ni cuanto tiempo más hace falta para que se me ocurra, ni cuánta paciencia tendré que emplear para plasmarla, ni cuánta creatividad tendré que prestarle a los personajes o cómo será ese final arrollador que tanto ansío.
De momento sigo pensando. Pero soy una persona lenta, como un caracol. Me dedico a ir desperdiciando mi imaginación en pequeños proyectos que no llevan a ningún lado. Cortos relatos escritos en horas muertas que acaban siendo callejones sin salida olvidados en la última página de alguna libreta de clase.
Aún así, sigo pasando mis horas muertas (y las no tan muertas) buscando una buena historia para escribir. Una de esas historias que acaban siendo libros. Pero es muy complicado para un caracol como yo llevar a cabo un proyecto así, escribir algo que llegue a ser lo suficientemente largo como para ser un libro y a la vez, lo suficientemente interesante como para que no resulte pesado o aburrido. Es una tarea titánica. Por esto, la solución que ha encontrado mi ajetreada mente es la de proporcionarme historias acabadas, con principio y final, a las que sólo tengo que añadir pequeños detalles entre medio. Lo "malo" es que serán relatos cortos. Cortos y ambiguos, donde no hay que pensarse mucho las cosas y limitarse a dejar que la imaginación se cuele por el boli y haga de tinta que plasme mi pensamiento.
Los relatos cortos pueden ser interesantes y entretenidos. Quizá también escriba algún cuento. De momento, espero que las ideas sigan viniendo a mí con la misma facilidad que siempre.
Deseadme suerte.
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